- CIERRE (45 minutos)
Círculo final
Cada participante responde tres preguntas.
¿Qué descubrí sobre mí?
¿Qué aprendí de los demás?
¿Qué cambiaré desde mañana?
Compromiso personal
Cada estudiante escribe:
«La próxima vez que tenga un conflicto intentaré…»
Los compromisos pueden depositarse en un mural denominado:
«Compromisos por una convivencia reflexiva».
Productos de la jornada
- Mural de aprendizajes.
- Decálogo para la resolución pacífica de conflictos.
- Compromisos individuales.
- Registro de los episodios analizados.
- Síntesis de aprendizajes por grupo.
- Acta de acuerdos institucionales.
Rol de los facilitadores
Los facilitadores no actúan como jueces ni ofrecen soluciones prefabricadas. Su tarea consiste en sostener un diálogo que ayude a los participantes a examinar críticamente sus propias interpretaciones. Para ello, privilegian preguntas como:
- ¿Qué evidencia tienes para interpretar la situación de esa manera?
- ¿Qué otra explicación podría existir?
- ¿Cómo crees que vivió este episodio la otra persona?
- ¿Qué emociones influyeron en tu forma de actuar?
- ¿Qué podrías hacer de manera distinta en una situación similar?
De este modo, favorecen que el grupo construya comprensiones compartidas y no solo acuerdos superficiales.
Evaluación de la jornada
La evaluación debe centrarse tanto en el proceso como en los resultados. Se pueden utilizar cuatro dimensiones:
Dimensión | Indicadores |
Participación | Interviene respetuosamente, escucha activamente y contribuye al diálogo. |
Reflexividad | Reconoce sus propias interpretaciones, identifica emociones y considera perspectivas alternativas. |
Colaboración | Coopera en el grupo y contribuye a la construcción de acuerdos. |
Transferencia | Formula compromisos concretos para aplicar los aprendizajes en la convivencia cotidiana. |
La jornada adquiere mayor impacto cuando se integra en un proceso continuo de convivencia escolar. Puede complementarse con Círculos de Análisis de la Práctica, Investigación Protagónica y nuevas jornadas periódicas de conversación, de modo que la reflexividad se convierta en una competencia permanente de la comunidad educativa y no solo en el resultado de una actividad aislada.
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