El pasado sábado 17 de mayo, en la comuna de Vitacura, Santiago de Chile, la vida de Guillermo Oyarzun, un conserje de 70 años, cambió para siempre. Su historia, lamentablemente, es más que una noticia; es un espejo.
Fue un acto sin mediar provocación. Un hombre de 34 años, identificado como Martín de los Santos Lehmann, cruzó la calle y le pidió un cigarro, este se lo negó, dado a que no tenía, y no fumaba. La reacción fue brutal…, Lehman le propinó tal cantidad de golpes que lo dejó con múltiples fracturas, un ojo gravemente dañado, con riesgo de perder la visión… Una demanda tan simple, una respuesta tan desproporcionada.
Esta noticia, más allá de la indignación y el deseo de justicia, nos obliga a mirar más allá. Nos deja con una pregunta incómoda, pero vital: ¿Qué se puede hacer, desde el área educativa o desde otros ámbitos, para prevenir situaciones como esta y formar individuos íntegros, capaces de relacionarse pacíficamente, de manera no violenta?
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